Solo empiezo a bailar en medio de música y no me importa que pueda pasar
Cali ha desarrollado toda una industria cultural alrededor del baile asociado a ritmos como la salsa, el bolero y el tango, entre otros. Pero ese rasgo identitario del caleño asociado al baile está también presente en la escena alternativa. En la tesis Identidades y consumos culturales alrededor del rock en Cali años noventa de Leonardo Herrera y Andrés Pérez, aparece citada esta opinión de Carlos “Chusco” Trujillo, fundador de Plaza Sésamo, quien fue entrevistado en calidad de DJ de Forum:
“Yo comencé escuchando rock como desde los 12 años, a diferencia de mucha gente, creo que la gente dada a la rumba y esas otras cosas, escuchaba salsa, yo no, no sé, nunca me vi muy vinculado con eso, es más, nunca he tenido un casete de salsa ni de merengue o esas cosas, en esa época la música la oía en la casa, todo el día oía música, fuese inicialmente mezclas cuando tenía 13 o 14 años, high energy, después fue rock en español entre mis 15 y 17 años, después fue vieja guardia y alternativo entre los 16 y los 23 años […] Tuve mi etapa noise, mi etapa gótica al mismo tiempo, nunca me gustó el grunge y siempre he sentido como un gusto por la música de rumba, es más cuando monté el bar pensé en eso, en que la rumba en un bar, o sea, el rock también se puede bailar y no hay que poguear para bailarlo y esa fue la finalidad de pronto de Plaza Sésamo cuando estuve en él.”.
Lo interesante es que el baile, que es un rasgo identitario de la cultura caleña, demuestra que ni siquiera en su faceta más combativa, rebelde y contestataria, puede dejar de suceder.
En videos caseros de Plaza Sésamo digitalizados para esta investigación se pueden apreciar personas bailando canciones como King Kong Five de Mano Negra y Mi novia se cayó en un pozo ciego de Los Fabulosos Cadillacs. Pedro Rovetto, en entrevista para esta investigación, mencionó que la gente en Plaza Sésamo bailaba cuando ya estaba muy prenda.