¿Pa’ hacerte rico? ¡No!

Otra banda transversal de la década de los 90 fue Santa Sangre, otro supergrupo creado en 1994. Su bajista y fundador Andrés Mora, integrante de Krönos desde 1987 hasta 1991. Él, al igual que Morris, tocó en el mítico concierto Decibels de Chipichape. Mora y el guitarrista Mauricio Belalcázar habían sido compañeros en Ángel Negro a finales de 1991, una banda de trash metal que precedió a Santa Sangre. Por su parte el vocalista Julio Navarrete, más conocido como Julio Nava, también participó en otras bandas antes de formar parte de Santa Sangre. Entre ellas estaban Disertación Psicótica con Salvatory Aguilera en la batería y Juan Diego Árbelaez como bajista. Luego, sin Salvatory pero con el saxofonista Juan Pablo Mantilla y Arbeláez aún en el bajo, La Granja presentó un corte más de free jazz. Eran famosos por hacer un cover de la canción de la intro del Capitán Centella, un anime japonés transmitido por la televisión nacional a inicios de los 90 y muy popular entre los jóvenes colombianos nacidos a finales de los 70 y principios de los 80, hasta que en 1996 Nava se convirtió en el cantante de Santa Sangre.

Disertación Psicótica

Su álbum debut De la tierra a la luna lanzado en 1999 y antecedido por un casette de demos en el 96, es un disco que tiene mucha actitud gracias a unos buenos músicos, el carisma y las letras de Julio Nava. Contiene canciones que están a la altura de los primeros discos de Café Tacuba, los Fabulosos Cadillacs y Bersuit Vergarabat, y además lograron crear su propia fusión de cumbia, bolero, champeta y rock n’ roll. En su libro Rock colombiano: 100 discos/50 años de historia (2013), el periodista cultural argentino Pablito Wilson afirma que De la tierra a la luna es "un álbum que estaba en sintonía con el rock argentino de la época y con las percusiones del folclor colombiano y caribeño", en el que "lo más importante es la actitud, y que el rock excede a los géneros mismos".

La trayectoria de la banda estuvo marcada por una serie de tropiezos que anticiparían su conflictiva relación con la industria. Un año antes de que Las Vacas y L.M.P. tocaran en Rock al Parque y tras ser anunciados en el cartel oficial de la segunda edición del festival en 1996, la banda inexplicablemente nunca se presentó, en un episodio que aún hoy genera confusión. Pero el caso más paradigmático llegó con su fichaje por el sello disquero multinacional BMG.

Cartel Ultimo Concierto Santa Sangre

Luego de firmar, la banda cambió su nombre a Clave Morsa, probablemente por exigencias de la disquera. En un giro que sólo se entiende desde la identidad caleña, Clave Morse se transformó en Clave Morsa. Como señala el cuentero caleño Nicolás Buenaventura, los apodos hacen parte fundamental de la cultura caleña: “Nada ni nadie se salvan de una chapa, al punto que le tenemos apodo a la palabra apodo: chapa”. Señala Nicolás que chapeamos lugares o incluso hasta puentes peatonales. [6]“…En Cali hay un puente que tiene una chapa monumental […] Se trata de un puente elevado, ubicado en la calle 5a. a la altura de la Universidad Santiago de Cali... Por un lado del puente... se accede a él mediante una rampa para minusválidos, y por el otro, ¡una escalera! Esta audacia arquitectónica le ha valido el sobrenombre de El milagroso” (Buenaventura, 2010) Esta misma lógica explica por qué Superlitio, la noche antes de prensar su primer disco, cambió su nombre de Los Monolitos a Los Superlitio, porque Mauricio Campo, el cantante de ese entonces, no podía dormir pensando en que iban a ser chapeados como Los Mongolitos. [7]Por lo general los apodos suelen ser para denostar de alguien o algo. La cultura de las chapas se ve en la tesis 'Identidades y consumos culturales...' en la que hacen un listado de bares con apodos como Farsa Sésamo, Laberantro, Jartins, Afuerum o el Desplan. Los Superlitio eran Los Super ripio, para insinuar que eran los sobrados de las bandas.

Gif de la banda Santa Sangre

Ya con contrato y nuevo nombre, Santa Sangre vio cómo, por esas cosas inexplicables de la industria discográfica, De la tierra a la luna se quedó engavetado en las oficinas de BMG durante dos años y los dejó en un limbo contractual que les impidió tocar o grabar por ese mismo lapso. Este desplante selló para siempre la desconfianza de los rockeros caleños hacia las grandes disqueras, sumado a que en Cali, a diferencia de Bogotá o Medellín, no había —ni hay— disqueras locales que apoyen la producción musical de la ciudad como sí ocurría con Discos Fuentes, Codiscos, Sonolux y MTM, entre otros.

La visión que los grupos caleños desarrollaron de las grandes casas disqueras es la de un deshuesadero de bandas, por lo que firmar un contrato discográfico es lo más cercano a venderle el alma al diablo.

“Es así como se han presentado algunos casos en los que la agrupación desde un principio posee un ritmo propio y es obligada a cambiar dando un giro musical y de imagen de 180 grados, dejando a sus seguidores con el recuerdo de alguien que no se vende por interés”. (Arias & Ocampo, 1997). Hay una tensión que se produce entre la postura inflexible de las bandas caleñas de no traicionar sus principios y las exigencias comerciales de la industria. Esta desconfianza en las disqueras se tradujo en una marcada actitud anticomercial y en una apuesta comprometida por la autogestión. Finalmente, De la tierra a la luna fue lanzado de forma independiente en 1999 y canciones como El cumpleaños del viento, La flaca y Pasará sonaron con limitada rotación en la radio local. Este disco no está publicado en plataformas de manera oficial.