Memoria y olvido
El 15 de enero de 1997 el diario colombiano El Tiempo publicó, en su sección dedicada a Cali, un artículo titulado Las nuevas aventuras de Lucas y Archivaldo.. El texto era, simultáneamente, la crónica de un lanzamiento y el relato de un obituario: así como describía con detalle el concierto de presentación del cassette producido por Plaza Sésamo Bar cuatro días atrás, también anunciaba la disolución de muchas de las bandas de rock que habían tocado en el lugar y el cierre del bar. Aunque el artículo argumenta que el cierre se dio por problemas económicos, la verdadera razón fue académica: los tres socios estaban descuidando tanto la universidad que entendieron que no podían seguir en la vida nocturna si querían graduarse. Esta nota de prensa marcó el fin de la primera etapa del mítico bar inaugurado en 1995.
Sus asistentes lo describían como “un roto hermoso” al que le sudaba el techo y el piso se le ponía pegachento cuando se llenaba.
Plaza Sésamo funcionaba en un sótano en el barrio Versalles. Su importancia 30 años después radica en que fue el eje sobre el cual se articuló la escena del rock alternativo de los años 90, proceso que incluyó la formación y consolidación de la banda Superlitio. De hecho, la narrativa mainstream del rock caleño de aquella década suele simplificarse a una trayectoria que empieza con Krönos y acaba con Superlitio, tendiendo a minimizar lo que ocurrió en medio: un heterogéneo ecosistema cultural en el que múltiples escenas se gestaron, coexistieron y terminaron entrecruzándose, dado el tamaño de la ciudad y de las escenas.
Para entender cómo un espacio como Plaza Sésamo se convierte en guarida y refugio de la cultura alternativa caleña en los 90, es necesario retroceder en el tiempo para analizar el contexto y las condiciones sociales, culturales y las influencias musicales con las que la escena se desarrolló.